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  • Foto del escritorJavi Navarro

"Por encima de distancias culturales somos personas y hermanos que nos enriquecemos mutuamente"


Mi nombre es Javier Navarro y desde hace dos años estoy viajando en verano a Bolivia para realizar un campo de misión en las comunidades campesinas de la Siberia boliviana para compartir mis vacaciones con aquellas personas.


Me recomendaron hacerla en grupo y poder prepararme mínimamente antes de aterrizar por allí. Por eso acudí a un encuentro de nuestra ONG marista “SED” donde se nos dieron algunos temas de formación para comenzar a ir cambiando nuestra forma de pensar y querer actuar de aquí por lo la forma de hacerlo desde allí. Por eso entré en el grupo “Proyecto Bolivia”.


Creo que es un acierto hacerlo así porque esto hace que la experiencia no se reduzca a los meses de verano, sino que se extiende a todo el año. En el fondo es querer vivir todo el año desde esta clave: informándonos sobre noticias de Bolivia, compartiendo vivencias con otras personas que viven en clave de misión y, sobre todo, conociendo y viviendo con esas personas que después viajaremos juntos en verano.




En Santa Cruz pasamos dos días acoplándonos al horario, haciendo compras para el campo de misión y conviviendo con la “familia marista boliviana” presente en aquella ciudad.

Tras estos días en Santa Cruz viajamos en flota (una especie de autobús mediano) hasta la ciudad de Comarapa. Es una ciudad mediana a los pies de los valles andinos entre Santa Cruz y Cochabamba. Son algo más de unos doscientos kilómetros pero que tardamos más de cinco horas en recorrerlos.


La llegada a Comarapa es aún más familiar.


En concreto este verano estrenamos una comunidad campesina que llevaba años demandando nuestra presencia. La comunidad se llama Astilleros y está subiendo en “movilidad” (taxi alquilado) como una hora. Hay una gran subida ya que ascendemos hasta cerca de los cuatro mil metros de altura.


Esta ha sido el centro de nuestra experiencia. Allí hemos pasado tres semanas viviendo con estas sesenta familias diseminadas por un valle donde la mayoría vive de su trabajo en el campo.


Somos testigos de su generosidad, de cómo nunca nos ha faltado un plato para comer, de cómo nos llegaron a ofrecer sus propias mantas si teníamos frío, ver venir a los niños con una pequeña cajita de fresas… era su manera de expresarnos su agradecimiento por estar allí.


Son muchas las anécdotas, pero sobre todo las imágenes y sentimientos que traes cuando regresas de esta experiencia. La convicción de que somos afortunados por nacer aquí, aunque no hayamos hecho nada para estar nosotros aquí y ellos allí. La certeza de que por encima de distancias culturales somos personas y hermanos que nos enriquecemos mutuamente. Os puedo asegurar que no solo hemos dado nosotros, hay una sencillez y unas ganas por luchar por la vida que me enriquecen y confrontan.


Javi Navarro


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