"Es otro mundo"

Me toca hablaros de mi experiencia en Bolivia durante los dos meses de este verano. Muchas veces, cuando tenemos que describir a algo o a alguien, nos empeñamos en buscar sólo una característica para definirlo. A mí me ha ocurrido al intentar juntar mis pobres palabras para hablaros de Bolivia. Sin embargo, no me ha sido posible. La Bolivia que he podido conocer este verano y su gente, con quienes he disfrutado de ratos inmensurables, reúne varios y válidos perfiles que debe purificar el pincel si se quiere esbozar un retrato de cuerpo completo (de cuerpo y alma).


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Bolivia te cambia la forma de ver las cosas. Es cierto aquello que dicen de que “es otro mundo”. La vida, la verdadera vida, está allí: en lo sencillo, en la gente humilde... en el campesino que te abre la puerta; en la mirada curiosa de los niños ante nosotros, los extranjeros; en la mano que te aprietan fuerte y que transmite tantos sentimientos...

Sentir otra cultura, ver cosas que jamás imaginaste que podrían suceder... Por mucho que oímos hablar de este país, hasta que no estás allí no puedes comprender cómo te “afecta” a ti personalmente esa experiencia, esas circunstancias, esa gente. Es como aquél “venid y veréis” que nos dejaba San Juan [cf. Jn 1,38-39].


Mi prueba de este verano ha sido definitiva para enamorarme de esta América Latina, de este pueblo olvidado.


La experiencia ha estado llena de momentos inolvidables: de instantes en los que notas que necesitas un poco más de sangre fría para salir adelante; pero también de ratos de compartir vida con los campesinos y de intentar integrarnos en su día a día.

También los demás miembros del Proyecto Bolivia (tanto los de allá como los de España) me han aportado mucha ilusión a través de sus palabras, mucho apoyo cuando lo he necesitado. Es una suerte contar con “tu gente” en experiencias así. Es algo único percatarse de ese “sentir misionero”, de ese envío de Dios a proclamar la Buena Noticia.


Ahora queda lo más difícil, que no es despedirse de allá, ni pensar en si mereció la pena o no; sino intentar adaptar todo lo aprendido a mi vida diaria, a mi opción de vida en España. Es duro ir siempre a contracorriente, pero consuela saber que no estás sola en la aventura de intentar cambiar el mundo por otro mejor en el que se vean las cosas de un modo distinto. Esa es mi esperanza ahora y por la que lucho.


May Alés

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