"Si terminase aquí, no tendría sentido"

Hace ya varios años me enseñaron una canción, que año tras año, canto en marcha: "cada paso de mi marcha, te lo dedico a ti que no tienes. El compromiso que hoy te ofrezco espero que dure por siempre. Qué no sean simples palabras, lo que digo ante tanta gente. Qué mi vida sea un reflejo de tu mensaje, Señor..." (Himno de la marcha)

Desde la primera letra hasta la última sentía su significado. Recordaba aquellos niños que no tenían tanta suerte como yo. Pero en verdad estaba muy cómoda al día siguiente en mi sillón. Tan sólo un día de marcha, una mañana nomás y me sentía la mejor persona del mundo. Aunque es cierto que un día entre 365 no requiere mucho esfuerzo.


Pasó un año, otro y Dios poco a poco fue tocando y llenado más y más mi corazón, conforme crecía, todo aquello se hacía insuficiente. Por casualidad o porque yo lo busqué, se me cruzó el Proyecto Bolivia, con la idea de en un futuro ir a Bolivia. Ya sabemos que los caminos del Señor son inescrutables y sintiéndome pequeña y con miedo, me encontré con una maleta y un billete de avión.


El cambio de aires, olores, ambiente... me asombraron al llegar como a un niño le asombra todo lo que ve por primera vez. Y con esos ojos de niña me adentré en mi "aventura". Encontré muchos contrastes. Mi realidad es muy diferente. Poco a poco sentí que algo nuevo surgía y me dolía el corazón. Pero una sonrisa, una mirada, un apretón de manos... por todo eso valía la pena.

Las comunidades campesinas en las que he pasado estos dos meses, encierran gran encanto y el mayor de los tesoros: las personas. Es precioso sentir la confianza que depositan estas gentes en ti. Pues "la confianza es sentir el calor del hogar mientras cortas la leña". No conocen de nosotros más que nuestros nombres, pero abren su casa y su corazón, nos acogen y, en este tiempo, se convierten en nuestra familia.


Puede que la nostalgia te haga flaquear, aunque allá es tan fácil sentirse como en casa...


Paso a paso el Señor me ha llevado de la mano, nunca antes le vi tan cercano. Allá me siento más humana. Observando a esos niños, uno comprende pq hay que hacerse como ellos para entrar en el Reino de los cielos. He caído muchas veces en pensar cómo cambiar su realidad, mejorarla a mi entender europeo. Pero es cierto que la inocencia de los niños, su pureza, su felicidad no sería la misma y la magia que encierran se perdería entre algodones y comodidades (como nos pasa a nosotros).


A día de hoy cuando canto el himno de la marcha, recuerdo muchos rostros que, sin tener a penas nada, son felices y me han hecho feliz a mí. Puede que esta experiencia no signifique un nuevo renacer o quizás sí. Lo que sé es que Dios va sembrando en mí.


Mi maleta pesa mucho más, me traigo un kilo de ternura, cientos de sonrisas, recuerdos a "porrillo" y amigos que cuidar. El corazón necesita amar y ser amado. Ahora sólo queda luchar por los que están en mi día a día, pues si todo terminase el 30 de agosto, nada de esto tendría sentido.


Un saludo,

Isa

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